Dª. Mª Teresa Cuesta Bayón PSICÓLOGA SANITARIA

Dª. Mª Teresa Cuesta Bayón
PSICÓLOGA SANITARIA

En la vida es normal que a veces nos podamos sentir tristes o abatidos o que alguna situación nos pueda provocar cierta ansiedad. Estas emociones nos están avisando de algo. Son una guía interna de cómo podemos actuar de una manera más sana. Por ejemplo si nos vamos a poner a opositar o nos vamos a enfrentar por primera vez a conducir un coche es sano sentir cierta ansiedad porque es una preparación para enfrentar la situación. Es una emoción que nos pone en marcha. O si por el contrario estamos atravesando una situación de duelo, sentir tristeza nos ayuda a conectar con la pérdida para que la despedida sea posible y no se enquiste lo que necesita salir.

En estas situaciones lo insano sería hacer como si no pasara nada y seguir funcionando sin hacer caso a lo que estamos sintiendo.

El problema aparece cuando estas emociones se vuelven en nuestra contra y en vez de ayudarnos nos desbordan y desequilibran, dejándonos incapaces de poder abordar la tarea.

Iniciar un proceso de terapia por tanto no implicaría tener que estar “trastornado” o lo que muchos puedan denominar “locura”. Bastaría con que nos sintiéramos superados por alguna emoción y que interfiriera significativamente en nuestra vida diaria.

Cuando estas emociones, que en un primer momento son adaptativas, se vuelven más extremas y nos restan calidad en nuestras relaciones familiares, sociales, de trabajo y de pareja, sería entonces cuando habría que prestarlas mayor atención.

Es aquí donde iniciar un proceso terapéutico tendría sentido para poder explorar el mundo interno de la persona y las situaciones donde se siente desbordado, no encontrando alternativas para poder abordar la situación de una manera equilibrada.

El problema no sería el hecho en sí mismo, si no cómo lo enfrentamos. Y desde este punto de vista el foco de atención no sería la situación problemática si no las vivencias y emociones que nos despierta.

¿Por qué unas personas ante el mismo hecho (por ejemplo, una separación, muerte de un ser querido o un traslado forzoso) lo sienten y afrontan de manera diferente? Porque cada individuo vivencia estas situaciones acorde con su mundo interno. Y por mundo interno se entiende la manera de  reaccionar ante hechos estresantes, si tiene una actitud activa, es decir, si lo afronta de una manera adaptativa, poniendo soluciones que puedan ayudar al problema o por el contrario reacciona de una manera desadaptativa, sin poder encontrar maneras eficaces que al individuo le sirvan para superar el problema.

Pues estas diferentes maneras de afrontar o solucionar no dependen de tener más o menos fuerza de voluntad o de tener firmes propósitos de querer solucionar.

Cuando una persona se ve afectada significativamente por un problema, no puede elegir la manera de afrontarlo. Lo hace como  puede o ha aprendido, aunque no sea la mejor manera.

El proceso de psicoterapia sirve para conocer y descubrir por qué se actúa de esa forma (que aunque a corto plazo pueda servir y aun sabiendo que pueda  hacer daño, se sigue repitiendo y  no ayuda ni a medio ni a largo plazo a la solución) y aprender nuevas formas de afrontamiento.

El autoconocimiento por tanto sería uno de los objetivos primarios en todo proceso de psicoterapia.

¿Cómo, desde mi punto de vista, se trabajaría este aspecto?.

Toda situación no resuelta, es decir, aquellas en las que en su momento no se cerraron de una manera sana, va a repercutir directamente en el presente de la persona. Hay situaciones en la vida que aunque sean complicadas se manejen de una manera equilibrada pero puede haber otras que provoquen un nivel de perturbación limitante para el funcionamiento general del día a día  y es aquí donde habrá que  ver si existe relación con experiencias anteriores donde la herida sigue abierta.

Pero nuestra mente es muy sabia y en algunas ocasiones esa herida se intenta apartar o tapar para que no duela y cuando parece que ya está olvidado y superado se contacta con algo que despierta lo anterior. De modo que el proceso de psicoterapia es una manera, a modo de metáfora, de ordenar y colocar nuestra estantería interior dando espacio a aquellas emociones que en su momento, por ejemplo, fueron tapadas o su expresión fue castigada o situaciones en las que no se podía tener recursos, por la edad, por ejemplo, y que van a repercutir en el momento actual de la persona.

Por tanto otro de los aspectos esenciales del proceso de la psicoterapia es encontrar y conocer la relación entre los eventos que pertenecen a nuestra historia de vida con los que afectan en el momento actual. Si existe perturbación en el presente que impide seguir con las rutinas diarias, o con un nivel de sufrimiento significativo, es un indicador de que algo de la historia no está sanado.

A modo de ejemplo expondré un caso hipotético pero que perfectamente podría ocurrir.

La situación sería la siguiente: una persona acude a su primer día de trabajo y siente que los compañeros le hacen el vacío o siente que no cae bien en la oficina. Viendo su historia se sabe que en los primeros cursos del instituto tiene una historia repetida de mobbing y vacío por parte de sus compañeros y explorando más profundamente verbaliza haber tenido una madre ausente y deprimida.

Todos estos factores pertenecientes a su historia de vida están condicionando las vivencias internas del presente. Por tanto no sería la situación en sí el foco de atención, sino no lo que se  despierta a nivel emocional y a nivel cognitivo, es decir, cómo se interpreta lo que está sucediendo.

Una interpretación que causara perturbación sería por ejemplo pensar, “no soy importante para nadie y a las pruebas me remito, pasan de mi” y una interpretación más realista acorde con la situación sería por ejemplo pensar que en el primer día del trabajo es normal que no se fijen demasiado en mi porque no me conocen y que poco a poco iré cogiendo  confianza con los compañeros.

Pero ya se ha visto que estas creencias están ligadas a la historia de vida y no tanto a la situación actual o a la lógica del momento.

Mi manera de trabajar por tanto es encontrar esta conexión de experiencias, darlas un lugar y espacio y a través de diferentes técnicas el objetivo sería eliminar dicha perturbación, trabajando con las emociones y aprendiendo nuevos estilos de enfrentar el problema hasta poder restablecer el equilibrio de la persona.

 

DÑA. Mª Teresa Cuesta Bayón

PSICÓLOGA SANITARIA